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Internacional

¿Las Malvinas Son Argentinas?

Una guerra, una pelea política y un partido de fútbol.
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Por

Pietro Cercone

July 12, 2026

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¿Las Malvinas son argentinas?

A 480 kilómetros de la costa argentina hay un pedacito de tierra que dos países dicen que es suyo desde hace casi 200 años. 


¿Qué son las Malvinas?

 

Las Islas Malvinas (Falkland Islands para los británicos) son un archipiélago de dos islas grandes y varios cientos de islotes que flota en el Atlántico Sur, a unos 480 kilómetros de la costa argentina y a más de 12.000km de Londres donde viven poco más de 3.600 habitantes, según el censo más reciente, el de 2021.

La capital se Puerto Argentino / Stanley y ahí vive la enorme mayoría de la gente. El resto se reparte en el campo  y en la base militar británica de Mount Pleasant. 

 

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¿De quién son?

El Reino Unido y Argentina, ambos, dicen que son suyas. 

Argentina sostiene que las Malvinas le pertenecen por qué:

  1. Cuando se independizó de España, "heredó" los territorios que la corona española tenía en la región, y las islas ( dice ) entraban en ese paquete.

  2.  Están ahí nomás, pegadas a la Patagonia. Al estar cerca de Argentina, infieren soberanía territorial. 

Para buena parte de la sociedad argentina esto es una bandera de soberanía que cruza todo el arco político, de izquierda a derecha. Y para muchos es también un grito anticolonial: la idea de sacar a un imperio europeo de un pedazo de Latinoamérica.

Pero, El Reino Unido dice que son suyas:

  1. Porqué las administra de forma continua desde 1833, cuando estableció control y desplazó a la breve presencia argentina que había. 

  2. Según ellos, los propios isleños, en su enorme mayoría de origen británico, quieren seguir siendo británicos.

¿Qué tan mayoría? En marzo de 2013, los habitantes votaron un referéndum con una pregunta directa: ¿quieren seguir siendo territorio británico de ultramar, sí o no? El resultado fue demoledor: 99,8% votó que sí, con una participación del 92%. 

De más de mil quinientos votos, apenas tres dijeron que no. Una década más tarde, en 2023, los isleños ratificaron que su postura no había cambiado. El censo de 2021 completa el retrato: casi el 70% de la población se identifica como isleño, británico, o una combinación de ambos. Ese es el nudo. El derecho internacional tiene dos principios que acá chocan de frente: el de autodeterminación de los pueblos (la carta que juega Londres: "que decidan los que viven ahí" y el de integridad territorial la carta que juegan los Argentinos: "es nuestro territorio, y esa población fue implantada por una potencia colonial, así que no puede votar sobre lo que no le pertenece". 

Argentina, de hecho, no reconoce ese referéndum: dice que los isleños no son un "pueblo" con derecho a decidir, sino colonos instalados después de la ocupación. Dos principios legítimos, dos lecturas opuestas, cero puntos en común.


La guerra: 74 días en 1982

Para entender por qué, hay que mirar cómo estaba Argentina en ese momento. El país lo gobernaba una dictadura militar de ultra-derecha encabezada por el general Leopoldo Galtieri que venía de cometer los horrores de la Guerra Sucia: miles de desaparecidos, torturas, terrorismo de Estado. 

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Y encima estaba hundida en una crisis económica feroz, con inflación descontrolada y una sociedad cada vez más furiosa.

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Acorralada por el descontento, la junta hizo lo que hacen los regímenes desesperados: apostó todo al nacionalismo. El 2 de abril de 1982, tropas argentinas invadieron y ocuparon las islas. 

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Pero el Reino Unido no se quedó quieto. En el poder estaba Margaret Thatcher, que respondió mandando una flota de guerra a 13.000 kilómetros de distancia, cruzando medio planeta hasta el Atlántico Sur. La ONU exigió el retiro argentino con la Resolución 502. Y empezó una guerra brutal de 74 días sobre un terreno helado, pelado y miserable.

 

 

 

 

 

 


De esa guerra quedaron grabados algunos momentos:

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  • El hundimiento del crucero ARA General Belgrano por un submarino británico, que se llevó la vida de 323 marineros argentinos de un solo golpe.  El barco, según se supo después, estaba fuera de la zona de exclusión y navegando en dirección contraria, lo que lo convirtió en el episodio más controvertido del conflicto.
  • La respuesta argentina, que hundió el HMS Sheffield con un misil Exocet.
  • Las batallas terrestres durísimas en Goose Green, Monte Longdon y Tumbledown.
  • Y, finalmente, la rendición argentina el 14 de junio en Puerto Argentino / Stanley.

El saldo fue devastador: 649 militares argentinos muertos, 255 británicos, y 3 civiles isleños. Casi mil vidas por unas islas donde vivían menos de dos mil personas.


Cómo se vive hoy, de los dos lados

Lo que vino después de la guerra tiene una ironía que lo explica casi todo.

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En Argentina, la euforia se transformó en shock, humillación y duelo. Muchos de los soldados enviados a pelear eran conscriptos adolescentes, chicos de 18 o 19 años, mal equipados, muertos de frío y de hambre. 

La guerra pensada para salvar al régimen fue justamente la que lo destruyó: la derrota liquidó lo poco que le quedaba de legitimidad y aceleró el regreso de la democracia con Raúl Alfonsín en 1983.

En el Reino Unido pasó lo contrario. La guerra desató una ola de orgullo patriótico, el diario The Sun la resumió con su tristemente célebre titular "GOTCHA" celebrando el hundimiento del Belgrano y catapultó a Thatcher a una reelección aplastante. Hubo voces disidentes, sobre todo en la izquierda laborista, pero fueron minoría. 

 

 

 

 

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Hoy, más de cuatro décadas después, la herida sigue abierta. 

En Argentina, el 2 de abril es día nacional de duelo, el Día del Veterano y de los Caídos. 

Los excombatientes arrastran cicatrices tremendas: abandono del Estado, estrés postraumático y una tasa de suicidios altísima en las décadas posteriores a la guerra. 

 

 

 

 

 

 


Y en 2026, el tema está más caliente que nunca. 

El presidente Javier Milei mantiene el reclamo, aunque con matices propios: repite que la soberanía "no se negocia", pero aclara que la recuperación debe buscarse solo por vías pacíficas y diplomáticas, descartando cualquier opción militar. 

Dice estar logrando "avances como nunca se han hecho". Al mismo tiempo, prepara un viaje histórico: sería el primer presidente argentino en visitar Londres en una gira bilateral desde Carlos Menem en 1998. Y acá aparece otra ironía: no va a reclamar las islas, sino a hacer negocios planea llevar su foro de inversiones "Argentina Week" a la capital del país que todavía ocupa las Malvinas.

Su lógica es que mostrar una relación comercial "madura" es la mejor forma de ganar voluntad. De fondo, Argentina hasta pidió sumarse al CPTPP, un bloque de libre comercio del que el Reino Unido es socio pleno: de aprobarse, compartirían por primera vez un acuerdo comercial desde la guerra del 82.

Del otro lado, el gobierno británico repite que la soberanía "no está en cuestión" y que el derecho de los isleños a la autodeterminación es primordial. Para el Reino Unido, con el referéndum de 2013 el tema quedó cerrado.

Y sobre todo esto sobrevuelan dos comodines nuevos. Uno es el petróleo: empresas como la israelí Navitas Petroleum, junto con la británica Rockhopper, proyectan perforaciones offshore cerca del archipiélago a partir de 2028, con inversiones de miles de millones de dólares.


El fútbol: entonces y ahora

22 de junio de 1986. Estadio Azteca, México. Cuartos de final del Mundial. Argentina contra Inglaterra. Cuatro años y ocho días después de la rendición.

Antes del partido, los dos lados juraban que "era solo fútbol". Nadie se lo creía. Y entonces Diego Maradona, en cuatro minutos, resumió el alma entera de un país:

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  • Primero, al minuto 51, "la mano de Dios": Maradona empujó la pelota al arco con la mano, el árbitro no lo vio, y el gol subió al marcador. Él mismo lo describiría después como marcado "un poco con la cabeza y un poco con la mano de Dios". 

  • Cuatro minutos más tarde, al 55, "el gol del siglo": agarró la pelota en su propio campo, se llevó puestos a media selección inglesa a lo largo de sesenta metros, gambeteó al arquero y la clavó. La FIFA lo votaría, años después, como el mejor gol de la historia de los Mundiales.

     

Ahora, la historia vuelve a encontrarse consigo misma. Hace más de veinte años que Argentina e Inglaterra no se cruzan en una cancha (la última vez fue en 2005, y ganó Inglaterra)

Dos banderas. Dos relatos que no encajan. Londres no suelta nada; Buenos Aires no olvida nada. Entonces, por ahora la pregunta sigue... 

¿Las Malvinas son argentinas?